En “La Ciudad y los Perros” Mario Vargas Llosa describe la vida de los
muchachos que estudian en la escuela académica de Leoncio Prado. Muchos de
ellos sufrieron socialmente antes de entrar al colegio y esto es exacerbado por
los rangos sociales que predomina la vida en la escuela, empezando con los
privilegios que se les da a los cadetes de cuarto y quinto año y no a los de
segundo y tercero. Llega hasta a un nivel de degradación verbal ya que los
menores son dados el apodo de “perro” por los estudiantes y por los profesores
también. Este tema de un sistema de orden social es muy común en cualquier
ambiente escolar, de trabajo o hasta en casa.
Las escuelas están divididas por secciones: primaria y secundaria. Los
estudiantes de secundaria siempre se otorgan a sí mismos un aire de
superioridad simplemente por ser mayores. Los de primario aceptan este hecho,
ya que con el tiempo llegaran a ese puesto de autoridad. Sin embargo, hay
conflictos entre ellos cuando los mayores abusan de su poder y los del año
menor se sienten injustamente relegados a un estatus bajo. Esto es muy similar
a la relación entre los de cuarto y quinto en Leoncio Prado, lo cual es
mayormente visto durante la pelea del cine y el juego de la soga. Cada año debe
demostrar su fuerza para poder ganar una posición de dominancia, o luego sufrir
del abuso verbal, físico o sexual.
En mi escuela se presenta una situación similar pero sin llegar a ese
extremo. En los últimos dos años de bachiller, siempre hay una lucha de poder
entre los del año undécimo y duodécimo. Hay un espacio reservado para los de
duodécimo, singularmente para ellos, con sofás y sillas agradables. No
obstante, cada año los de undécimo que se han encariñado con los del año mayor
exigen estos mismos puestos. Desde mi punto de vista, después de haber esperado
doce años completos (ojo y sin quejas), ver a los de undécimo saltarse este
rito de iniciación es incorrecto. Uno quiere ser buena gente y compartir, pero
llega un momento cuando los de duodécimo tienen que acertarse y volver a cerrar
ese vínculo. Esto no solo ayuda a crear una especie de familia para los de
duodécimo pero es una tradición desde que el espacio tipo lounge fue creado. Es
una falta de paciencia ya que los de undécimo simplemente deben esperarse un
año escolar para poder asumir ese nivel de jerarquía social. Aunque este
conflicto no llega a estallar tal como en la novela, los sentimientos rencorosos
y las etapas de frialdad entre los dos años son claras y universales.
En la novela se ve un extremo de abuso de poder, utilizando la fuerza
bruta. En mi sociedad el tema se presenta de manera más sutil, pero las peleas
(aunque sean verbales) están presentes. Yo pienso que este tema es universal no
solo en nivel académico sino también en los trabajos formales. Cuando uno
quiere una promoción pero no se lo otorgan ya se va creando la mentalidad de
inferior y los sentimientos de envidia y frustración se van incrementando.
El tema de orden social no es algo nuevo, pero tampoco es algo que debe
seguir recurriendo. La subyugación de cualquier otra persona es una acción poco
ética. Tomando en cuenta las manifestaciones extremas de este tema en la historia
humana, es decir la colonización, el genocidio y la esclavitud, debemos
aprender de controlar estos sentimientos de apoderamiento. Uno no se debe
inflar con un ego artificial que en un instante será olvidado bajo la sombra de
un poder más grande y más influyente.